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Ushuaia
antigua
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Navegar a través del archipiélago fueguino, entre sus bahías y caletas, explorando su increíble geografía, es una aventura que ha seducido siempre a intrépidos navegantes. Ellos dejaron aquí sus memorias de naufragio y viento...

DESCUBRIMIENTO DEL ESTRECHO DE MAGALLANES

Entre los siglos XVI y XVIII, las tierras australes fueron escenario de un continuo ir y venir de expediciones europeas que procuraban descubrir nuevas rutas y territorios para facilitar las vías de intercambio existentes y ampliar la hegemonía de los reinados a los que representaban.

Uno de los pioneros de estos viajes fue el portugués Fernando de Magallanes, quien zarpó de España en 1519 motivado por el mito de la "Terra Australis Incógnita". La misión que le encomendara el entonces Rey de España, Carlos V - a quien Magallanes ofreció sus servicios tras una fuerte pelea con el monarca portugués - consistía en descubrir un paso marítimo para alcanzar las islas Molucas, ubicadas en el Pacífico Sur. Para ese entonces España y Portugal se disputaban la posesión de esas tierras, ricas en especias.

Después de un año de ardua travesía, entre el 21 de octubre y el 28 de noviembre de 1520, Magallanes y las cinco carabelas españolas bajo su mando atravesaron el ansiado paso interoceánico, al que entonces se denominó "Estrecho de Todos los Santos" y que hoy llamamos "Estrecho de Magallanes" en honor a su descubridor.

Antes de pasar el cabo que bautizaron "de las Once Mil Vírgenes" (en la actualidad, Cabo Vírgenes) ya habían descubierto los llamativos humos sobre la costa sur del Estrecho, provenientes seguramente de los asentamientos aborígenes, lo que inspiró a Magallanes a bautizar a la región "Tierra de los Fuegos".

La expedición continuó por el Estrecho hacia el oeste, hasta alcanzar mar abierto. Curiosamente, el mar estaba en calma en esa ocasión, y es por esto que el Océano Pacífico recibe ese nombre.

La historia de Magallanes terminaría poco después, tras una batalla contra los nativos al intentar colonizar una isla filipina. La expedición finalizaría bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, quien llevara a España las noticias sobre el hallazgo.

Además de la apertura de una nueva ruta hacia el oriente, el viaje significó un incremento en las expectativas europeas acerca de la conquista de nuevos territorios.

PRIMERAS EXPEDICIONES EUROPEAS

Las expediciones que sucedieron a la de Magallanes persiguieron objetivos similares: alcanzar las Molucas colonizando a su paso las tierras descubiertas.

Durante varias décadas, los intentos por atravesar el Estrecho resultaron fallidos. Hasta que a mediados del siglo XVI llega a la zona el capitán Juan Ladrillero, que logra cruzarlo de oeste a este llevando a cabo una importante labor exploratoria, dando nombres y describiendo los paisajes y habitantes australes.

Por aquella época, varios puertos españoles en Chile, Perú y otros poblados más al norte, reciben el ataque de piratas y corsarios que comenzaron a utilizar los canales australes como vía de escape. Entre estos temidos piratas, se encontraba el británico Sir Francis Drake, que en 1578 se convirtió en el primer navegante "extranjero" (ajeno a España) en cruzar el Estrecho de Magallanes, para luego continuar hasta completar la vuelta al mundo. Cuando se hallaba en el Océano Pacífico, una tormenta lo desvió hacia el sur donde pudieron comprobar que el continente americano estaba separado del antártico. De este modo se dio fin al mito de la "Terra Australis Incógnita". Contrariamente a la creencia popular, Drake no navegó el estrecho que hoy lleva su nombre, ni se acercó siquiera al Cabo de Hornos, sino que derivó mucho más al norte.

A la amenaza de los piratas, se sumaba el avance de las flotas inglesas, que continuaban tomando posiciones y estableciendo colonias a lo largo y a lo ancho de todo el globo. Por estos motivos la Corona Española decidió colonizar la "Tierra de los Fuegos" a través del asentamiento en las costas del Estrecho de Magallanes. Fue así como, en 1584, la expedición al mando de Pedro Sarmiento de Gamboa funda los poblados "En nombre de Jesús" (cerca de cabo Vírgenes) y "Rey Don Felipe" (en inmediaciones de Fuerte Bulnes, al sur de la actual ciudad de Punta Arenas). Esta iniciativa no prosperó debido a falta de alimentos, los violentos temporales y el desconocimiento de las características del medio ambiente, que acabaron con la población al poco tiempo de establecida. Este fracaso mantendría alejados a los españoles por casi cuatro décadas.

Poco tiempo después comenzaron las frecuentes apariciones de los holandeses, de las cuales la más trascendente fue la expedición comandada por Jacob Le Maire y William Schouten. A diferencia de sus predecesores, ellos no cruzaron el Estrecho, sino que continuaron navegando hacia el sur. El 21 de enero de 1616, divisaron una isla a la que bautizaron "de los Estados" en homenaje a su país (en ese entonces Staten Land) y el estrecho que divide a ésta de la Isla Grande de Tierra del Fuego, que denominaron Le Maire. El viaje continuó hacia el sudoeste, en busca de nuevos mares, nombrando a su paso accidentes menores, hasta que llegaron al punto más austral del continente y lo bautizaron "Cape Hoorn", en honor a la ciudad desde donde partieran y a una de las naves de la expedición, para ese entonces inexistente.

"Nuestra Señora de Atocha" y "Nuestra Señora del Buen Suceso" fueron las naves que concretaron el despertar español. En 1619, después de varios años de ausencia en el extremo sur del continente americano, los hermanos Gonzalo y Bartolomé García del Nodal dirigieron una expedición que cobró trascendencia al ser la primera en recorrer la costa atlántica de la Isla Grande de Tierra del Fuego - dando nombre sistemáticamente a muchos de los accidentes encontrados a su paso - y por llevar a cabo la primer circunnavegación. También, según los registros, habrían sido los primeros en establecer contacto con los nativos.

Ya a comienzos del siglo XVIII era de público conocimiento en Europa la existencia de una porción insular al sur del continente americano y de la existencia de habitantes nativos. La historia de las navegaciones en Tierra del Fuego tuvo como protagonistas a franceses, holandeses y británicos, quienes - guiados por la cartografía elaborada cada vez con mayor precisión gracias los descubrimientos de Magallanes, Le Maire y los hermanos Nodal, entre otros - exploraron, descubrieron y nombraron innumerables accidentes del archipiélago.

A medida que se incrementaba el conocimiento sobre estas tierras las expediciones fueron adquiriendo carácter científico, llegando a desembarcar a tierra firme por períodos cada vez más prolongados. Esto derivó en contactos más frecuentes con los nativos y en la manifestación finalmente de los primeros intentos de colonización.

Uno de los navegantes más destacados de ese siglo fue el inglés James Cook, que realizó varios viajes a la zona. En el primero, a bordo de la nave Endeavour en el año 1769, fue acompañado por los científicos Joseph Banks y Daniel Solander quienes lograron relevar valiosa información sobre la geografía del área oriental de la Isla Grande, y sobre los nativos que la habitaban. El segundo de los viajes de Cook fue tal vez uno de los más trascendentes, ya que tenía como objetivo develar el misterio antártico. Así fue como llegó hasta las Islas Georgias y descubrió las Sandwich del Sur, dejando a su paso muchos de los topónimos de la Isla de los Estados.

La información obtenida en esos viajes sobre las riquezas de la región dio lugar a un intenso tráfico de loberos y balleneros que se extendería hasta los albores del siglo XX, provocando el riesgo de extinción de muchas de las especies de la fauna marina.

DESCUBRIMIENTO DEL CANAL BEAGLE

En 1826 arribó a estas costas una expedición inglesa conformada por los bergantines "Beagle" y "Adventure", al mando de los capitanes Robert Fitz Roy y Philip Parker King respectivamente. Tenían el propósito de realizar un relevamiento hidrográfico de las costas de la zona y de evaluar la posibilidad de entablar relación con los aborígenes. Como parte de la tripulación se encontraba el contramaestre Mathew Murray, que descubrió el paso homónimo y avistó a lo lejos el canal que posteriormente bautizarían “Beagle”, en honor a la embarcación que lideraba Fitz Roy.

El contacto con los nativos fue progresivo, y comenzó a través del trueque de productos naturales (pescados, pieles, grasas) a cambio de botones, cuentas y otros elementos de poco valor en el mercado europeo. Tras un confuso episodio durante uno de estos intercambios, el capitán Fitz Roy tomó como rehenes a cuatro aborígenes a quienes llevó a Inglaterra con el propósito de introducirlos a la cultura inglesa, especulando con la posibilidad de utilizarlos como intérpretes en futuros viajes. Pero a pesar de haber tenido excelentes resultados en Inglaterra, el propósito de Fitz Roy se vio finalmente frustrado, ya que a su regresó a la isla los tres aborígenes sobrevivientes de aquella experiencia volvieron a adoptar las costumbres de su cultura.

Durante éstas y otras expediciones - que incluirían nuevamente a Fitz Roy y otros personajes destacables como Charles Darwin y James weddel – se continuó explorando las riquezas del territorio, a través de la realización de relevamientos e investigaciones científicas. Asimismo, comenzaron a contemplarse con mayor ambición las posibilidades de explotación y asentamiento, objetivos que hasta el momento no habían llegado más que a intentos fallidos.

ALGUNOS INTENTOS DE COLONIZACIÓN

En el año 1844 el capitán retirado de la marina británica Allen Gardiner fundó junto con otros anglicanos la "Sociedad Misionera de la Patagonia", que luego ampliaría sus ambiciones y cambiaria su nombre a "Sociedad Misionera de Sudamérica". Esta empresa tenía como propósito recaudar fondos para enviar misiones que predicaran los evangelios entre los aborígenes.

Un año antes, Gardiner había recorrido la zona del Estrecho de Magallanes donde estableció contactos positivos con algunos nativos. Sin embargo, cuando regresó más tarde, encontró ya la influencia de hombres blancos y decidió entonces aventurarse hacia terrenos aún más australes.

Su primer intento en la Isla Picton, en el año 1848, no tuvo éxito debido a reacciones hostiles por parte de los aborígenes.

Dos años más tarde volvió a los canales fueguinos, esta vez con la idea de establecer una especie de "misión flotante". A pesar de su afán en la búsqueda de fondos para la construcción de naves adecuadas, sólo consiguió dos pesadas embarcaciones.

Nuevamente en Picton, la relación con los nativos se tornó insostenible. Conjuntamente, las dos naves destinadas al abastecimiento de los europeos sucumbieron - una por amotinamiento y la segunda por naufragio - empeorando la situación.

Finalmente, Gardiner y sus seis compañeros decidieron abandonar el lugar y, tras dejar un mensaje de auxilio en la Isla Picton, se trasladaron a Bahía Aguirre en Península Mitre. Luego de varios meses en la costa, resistiendo la crudeza meteorológica y la falta de alimento, los misioneros fueron pereciendo uno a uno. Se presume que el último de ellos fue el mismo Gardiner, quien registró los sucesos en un diario hallado luego junto a los restos de la expedición.

EXPEDICIONES CIENTÍFICAS

La "Expedición Científica Cabo de Hornos" llegó a Tierra del Fuego en septiembre del año 1882, con el capitán Luis Fernando Martial al mando de la nave " La Romanche". Esta expedición francesa - identificada también con el nombre de la nave - tenía objetivos exclusivamente científicos y dejó valiosos resultados después varios años de trabajo.

La iniciativa tuvo lugar tras una serie de conferencias organizadas en Europa en 1879, cuando varios países convinieron la creación de estaciones científicas que fueran desarrollándose simultáneamente en puntos clave de las regiones polares. De 14 lugares elegidos, 12 se encontraban en el Océano Ártico y tan sólo 2 en cercanías del Polo Sur.

Así fue como se decidió la construcción de un modesto asentamiento en Bahía Orange (Isla Hoste), en el que permanecieron durante más de tres años casi una decena de investigadores incluyendo a Martial y al Dr. Hyades.

Durante esta prolongada estadía - además de recorrer los archipiélagos cercanos realizando estudios de meteorología y magnetismo terrestre, de astrología, zoología, botánica, geología y meteorología – los científicos entablaron una estrecha relación con los Yámana. Inicialmente, comenzó con el intercambio de productos diversos tal como sucedió con otros navegantes que habían pasado antes por la región. Pero la larga permanencia de la tripulación, derivó en la cooperación por parte de los Yámana en numerosas actividades de utilidad a los fines de las investigaciones antropológicas. Esto se vio favorecido, en parte, por la experiencia de los misioneros anglicanos que se hallaban en Ooshooia (a pocas millas de distancia) trabajando con los nativos desde hacía varios años y con quienes rápidamente entablaron relación los integrantes de La Romanche.

Los resultados de la expedición fueron altamente positivos. A su regreso a Francia, los científicos llevaron consigo una gran variedad de muestras e información que tuvieron un valor fundamental en el conocimiento de los sistemas naturales de este sector del globo.

LA PRESENCIA ARGENTINA

La soberanía argentina comenzó a verse amenazada por la ola de expediciones europeas que frecuentaban el archipiélago y también ante posibles deseos de expansión por parte de la república chilena

De acuerdo al tratado de amistad, suscitado en 1855, ambos países reconocían como propios los mismos territorios que poseían al momento de su independencia de la corona española, en 1810.

Sin embargo, ante ciertas omisiones o superposiciones en los títulos españoles, ambos países continuaron sus políticas expansionistas. Chile fundó la ciudad de Punta Arenas y, entre 1859 y 1862, el Comandante argentino Luis Piedrabuena llegó a la Isla Pavón y a la Isla de los Estados. Estos constituyeron los únicos asentamientos de hombres blancos en la región hasta la instalación de la Misión Anglicana en 1869.

Desde la década de 1840, Piedrabuena se había dedicado a navegar los mares australes, cazando lobos marinos en las costas patagónicas. En Isla de los Estados instaló una factoría para el procesamiento de pingüinos.

Su papel como "defensor de la soberanía nacional" surgió de manera casual desde un primer momento: hallándose en la región, en numerosas oportunidades debió salir al rescate de náufragos y colaborar con la instalación de puestos de resguardo y aprovisionamiento. Con cada uno de estos actos se reivindicaba la soberanía nacional y defensa del territorio.

Sólo a partir de 1878 comenzó a actuar oficialmente, desempeñándose como asesor del gobierno en cuestiones de importancia para la Patagonia y Tierra del Fuego. Llevó adelante incontables expediciones. Trabajó incluso en la planificación de la División Expedicionaria al Atlántico Sur, en la cual no pudo participar debido a su repentina muerte, un año antes de fecha prevista para la partida.

El objetivo principal de la División Expedicionaria al Atlántico Sur fue la instalación de una subprefectura en cercanías de lo que hoy se conoce como la ciudad de Ushuaia. El gobierno argentino veía con buenos ojos la posibilidad de establecer un puesto de vigilancia y rescate que atendiera los inconvenientes que pudieran surgir entre las embarcaciones que llegaban a la región. Dadas las características físicas y las condiciones meteorológicas de la zona, no pocas veces resultaba necesario asistir a los navegantes y reparar los barcos. Esto mismo, llevado adelante de forma organizada y con regulación oficial, podía significar una importante fuente de ingresos para el gobierno nacional. Por otro lado, la cercanía con la frontera chilena y la existencia de una misión religiosa extranjera infundían cierta preocupación al Congreso. El establecimiento de una subprefectura naval sería una estrategia ideal para asentar soberanía sobre el territorio.

El 25 de Mayo de 1884, pocos meses antes de adentrarse en el Canal Beagle, la expedición comandada por el Comodoro de Marina Augusto Lasserre crea una subprefectura en la base de Monte Richardson, en Isla de los Estados, e inaugura el faro San Juan de Salvamento en el puerto homónimo. El 28 de septiembre de 1884, la flota (compuesta por la corbeta cañonera Paraná, el aviso Comodoro Py, el aviso Transporte Villarino y los cúteres Patagones y Bahía Blanca) llega finalmente a la bahía de Ushuaia. Aquí, la expedición es recibida con cordialidad por los misioneros, en especial por el Reverendo Thomas Bridges que aconsejó a Lasserre acerca del lugar óptimo para la instalación de la subprefectura. El sitio escogido fue una bahía a la que los Yámana denominaban "Alakushwaia" (bahía del pato vapor), ubicada a 2 km. hacia el este de la misión religiosa. De esta manera, el 12 de octubre de ese año, se inauguraron los primeros edificios de la Subprefectura Naval Ushuaia.

Desde ese entonces, el 12 de octubre de cada año se celebra el nacimiento de la ciudad de Ushuaia. Aunque fue recién al año siguiente - el 27 de junio de 1885 - cuando se estableció la división política del territorio y se comenzó con la construcción del poblado, que tuvo como primer gobernador al Capitán de Marina Félix María Paz.

En 1871 se instala definitivamente la Misión Anglicana, a cargo del Reverendo Thomas Bridges.

En septiembre de 1884, al mando del Comodoro Augusto Lasserre, llega a Ushuaia la División Expedicionaria al Atlántico Sur de la Armada Argentina, procedente de la Isla de los Estados donde habían instalado una subprefectura y el faro San Juan de Salvamento que más tarde sería conocido como el Faro del Fin del Mundo. Con el propósito de afirmar la soberanía argentina en esta zona, a sólo 20 km. de la frontera con Chile, el 12 de octubre de 1884 se inaugura la Subprefectura Naval Argentina y se iza por primera vez el Pabellón Nacional sobre una institución argentina en la isla. Cada año, en esa misma fecha, se conmemora el nacimiento de nuestra ciudad.

Sin embargo, una idea preocupaba al Gobierno de la Nación: lograr la radicación definitiva de pobladores en este suelo. Es así que el gobierno argentino decide instalar un presidio en el archipiélago fueguino. En principio se instala una Prisión Militar en la Isla de los Estados, y una Cárcel de Reincidentes en Bahía Golondrina, en las afueras de Ushuaia.

Paralelamente, en 1902, se coloca la piedra fundamental del edificio que aún se puede observar, y que albergó presos comunes, militares y - en alguna ocasión - hasta presos políticos, unificando las dos instituciones anteriores. El Presidio Militar y Cárcel de Reincidentes de Tierra del Fuego fue el eje del desarrollo de la ciudad durante la primera mitad del siglo XX. Sus talleres de imprenta, fotografía, sastrería, zapatería, carpintería, panadería, servicio médico y farmacia, cubrían las necesidades de una población tan alejada de todo, que los barcos llegaban, con suerte, una vez por mes.

A principios del siglo, el pequeño poblado ve con agrado la llegada de algunas familias de origen croata. La verdadera razón de su traslado a Ushuaia, está ligada al éxodo de croatas hacia Punta Arenas (Chile), desde donde migraban a la Argentina. En 1913 zarpan desde España algunas familias con el fallido propósito de instalar aquí una fábrica completa para enlatar sardinas. Ante el fracaso de la empresa algunos españoles regresan al viejo continente, mientras que otros encuentran motivos para quedarse en estas tierras.

En 1928 se produce la llegada a Ushuaia del primer vuelo: Gunther Plüschow, y su hidroavión "Cóndor de Plata" revolucionan al tranquilo poblado. Sin embargo, el transporte marítimo continúa siendo la única vía de comunicación de Ushuaia con el resto del mundo, hasta fines de 1935.

En aquellos años navegar por estos archipiélagos era una tarea realmente difícil, por lo que numerosos naufragios constituyen una parte importante de la historia de la región. En 1930, el buque de origen alemán "Monte Cervantes" naufraga saliendo de la Bahía de Ushuaia, cuando llevaba una cantidad de pasajeros que prácticamente igualaba en número a la población local de aquel entonces. Los náufragos fueron socorridos y alojados durante seis días en los escasos hogares que había en ese tiempo en Ushuaia. Con ellos compartieron su estadía hasta que un nuevo buque llega para auxiliarlos y los traslada hacia Buenos Aires.

En 1947 el Gobierno de la Nación decide suprimir la cárcel y todas las instalaciones son transferidas al Ministerio de Marina. Ese mismo año, con la creación de la Estación Aeronaval de Ushuaia, se inauguran líneas aeronavales que abastecían a las bases patagónicas, y la compañía Aeroposta comienza a llegar en forma regular.

La vida en la pequeña Ushuaia se ve nuevamente renovada en 1948 con la llegada de otro barco de inmigrantes: el "Génova", que traía un contingente de italianos que llegaba con el propósito de construir viviendas. Muchos de ellos dejaron el lugar una vez finalizada la tarea, pero algunos prefirieron quedarse. También comienzan a llegar familias chilenas que se establecen en la ciudad. Con el tiempo, estos inmigrantes fueron conformando el grupo de pioneros a quienes hoy se distingue como "antiguos pobladores".

En 1950 se crea la Base Naval Ushuaia Almirante Berisso, que es la misma que funciona actualmente en las calles San Martín y Yaganes.

La década de los 70’ marca otra etapa en la historia de la ciudad, con la sanción de la Ley de Promoción Industrial (Ley Nº 19.640) muchos argentinos llegan atraídos por la posibilidad de trabajo y ahorro.

En 1990 nace la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, cuando el Honorable Congreso de la Nación sanciona la Ley de Provincialización (Ley Nº 23.775). El 1 de junio del año siguiente se jura la Constitución Provincial, desde entonces en esa fecha se conmemora el Día de la Provincia.

Desde sus orígenes y hasta la actualidad, Ushuaia ha visto crecer su población a través de la llegada de inmigrantes provenientes de diferentes regiones de Argentina y del mundo, lo que ha dado como resultado una ciudad que se caracteriza por su variedad y riqueza cultural.